Cómo organizar tu vida para ser escritora profesional

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Ser escritora profesional, suena bien. En diez años, te ves viviendo de escribir. O sueñas con ello. Pero, para conseguirlo, ese sueño tiene que ser descompuesto en un millar de tareas pequeñas, pequeños objetivos en la consecución de un objetivo grande. Porque si no, se queda solo en sueño.

La mayoría de nosotras cuando empieza tiene un trabajo nutricional, hijos/mascotas/familias que cuidar, ni un duro para poder delegar nada y, francamente, lo único que queremos hacer es escribir. Al algoritmo de instagram que le den. Luego, te da la torta la realidad pura y dura de lo que significa ser escritora profesional. Lidiar con el marketing, aprender a hacer publicidad, temas legales, fiscales, cosas con las que nunca pensaste tener que lidiar, pero a las que no te queda más remedio que enfrentarte.

Así que, si pretendes ser escritora profesional y dejar tu trabajo nutricional por la escritura, tienes que organizar tu vida.

Y eso no se hace solo. Debes tener un sistema que te permita enfrentarte cada día a la pila interminable de cosas por hacer y que se apoderan de tu día. 

Te cuento cómo empecé yo. 

En el año 2014, publiqué mi primera novela con una editorial. En aquel momento, me di cuenta de la importancia que tenía conseguir una audiencia de lectores y que, para tenerlos, tenía que trabajar mi marketing online. 

Pero no tenía tiempo para nada: trabajaba como anestesióloga en un hospital público a tiempo completo, con ocho guardias de 24 horas al mes, más quirófanos de tarde ocasionales. Nunca salía de trabajar antes de las 4 de la tarde (eso, con suerte) y tenía dos niños pequeños que salían a las 5 del colegio. Y un marido que trabajaba más horas que yo aún. 

Lo primero que cambió mi vida fue el método GTD. Me leí el libro de David Allen, Organízate con eficacia. Y me tomé un día, en el fin de semana, para ordenar e intentar organizar mi vida. 

Hice listas de cosas importantes y urgentes, de cosas que quería hacer pero que no eran ni importantes ni urgentes. En otras palabras, fui como Alicia en la madriguera del conejo. El lunes todo estaba exactamente igual y yo, como un conejo frente a los faros de un coche, me sentía paralizada. No solo no había resuelto el tema, sino que ahora además era consciente de la inmensa cantidad de cosas que dejaba en el tintero. 

Luego, supe que había una cosa llamada Time Blocking (te cuento qué es muy detenidamente en este episodio del podcast del escritor emprendedor), pero básicamente es reservar bloques de tiempo en tu día a día para tareas concretas. 

Pero tampoco funcionó al principio porque los imprevistos me impedían hacer las cosas que yo había programado. Uno de mis hijos se ponía malo, tenía que resolver un tema del colegio (en serio, alguien debería decirles a los maestros que las madres actuales no sabemos coser —yo solo sé coser heridas— ni hacer disfraces) o llegaba tan agotada que era incapaz de sentarme a hacer nada.  

Era algo realmente enloquecedor. 

Cada vez que miraba lo que quería conseguir me daba cuenta de que no había hecho ni la mitad. 

Hasta que decidí priorizar y organizarme por tareas roca. Por objetivos. Y ser muy pesimista con ellos. 

Me explico: ¿tienes poco tiempo? Intenta conseguir pocas cosas. Aunque vayas más lento, avanzas. 

Me puse dos objetivos mensuales: uno relacionado con mi escritura y otro, relacionado con mi visibilidad y mi creación de audiencia. El primero era más importante. Si quieres ser escritora profesional, lo primero que necesitas es un catálogo. Así que lo convertí en mi tarea roca diaria. La que hacía nada más levantarme, antes de que todo el mundo en mi casa abriera los ojos. 

El segundo, lo hacía por la noche. O en esos ratos muertos que no solemos aprovechar. Poco a poco, conseguí ir encajando las cosas en un time blocking, porque me acostumbré a medir los tiempos que tardaba en cada tarea con Toggl, para poder estimar mejor. 

Planificar con tiempo, dando a cada tarea una duración ajustada, es la única forma de que estas no se desparramen ocupando todo. Las tareas son como la sopa, si no las metes en un bloque acotado, se derraman ocupando todo.

El calendar (ahora anual, con una plantilla estándar, que voy modificando mes a mes) me permite ver exactamente dónde estoy en cualquier proyecto y qué me queda por hacer. 

Cada uno debe encontrar un sistema que se ajuste a su vida, pero es imprescindible ser ordenado y planificar a largo plazo e intentar que los imprevistos —que siempre los habrá— estén también previstos. 

Te cuento más sobre todo esto en el libro de Productividad para escritores y en el apartado de productividad del podcast del escritor emprendedor. 

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